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Conoce el tipo de emisiones de tu empresa

Cada vez más industrias se enfrentan a un mismo reto: demostrar con hechos su compromiso climático. Para lograrlo, el primer paso es evidente: medir su huella de carbono.

Y para hacerlo bien, es fundamental entender los tres alcances de emisiones que la componen.

Comprender correctamente estos tres alcances es clave para tomar decisiones acertadas en áreas como compras, logística o calidad. Saber qué impacto tiene cada fase de tu actividad permite reducir la huella ambiental sin complicar la operativa.

A continuación los explicamos.

Alcance 1: emisiones directas bajo tu control


Este primer grupo incluye todas las emisiones que provienen de fuentes controladas directamente por la empresa: vehículos propios, calderas industriales, equipos de climatización o maquinaria que funcione con combustibles fósiles.

Por ejemplo, si tienes una planta que utiliza gas para calentar productos o una flota de reparto con furgonetas diésel, estás generando emisiones de alcance 1. Son fáciles de detectar y también de reducir, con decisiones como renovar vehículos, cambiar de combustible o mejorar la eficiencia energética del proceso.

Alcance 2: electricidad y consumo energético


Aquí se contabilizan las emisiones que no generas tú directamente, pero sí provocas al consumir energía. Por ejemplo, al encender la maquinaria de envasado, iluminar una nave o refrigerar un almacén, estás usando electricidad que probablemente se ha producido con emisiones.

Aunque no controles la central eléctrica, estas emisiones sí cuentan en tu balance. Puedes reducirlas contratando energía verde certificada, instalando placas solares o haciendo pequeñas inversiones en aislamiento y tecnología LED.

Alcance 3: emisiones indirectas que suelen pasar desapercibidas


Este es el alcance más amplio y, a la vez, el más difícil de controlar. Incluye todo lo que no gestionas directamente, pero forma parte de tu actividad empresarial: transporte contratado a terceros, fabricación de materias primas, envases, desplazamientos del personal o incluso el uso y reciclaje del producto por parte del cliente final.

En sectores industriales, estas emisiones representan con frecuencia más del 70 % del total.

Piénsalo así: si tu proveedor fabrica componentes con acero en otro país, y esos componentes se transportan hasta tu planta, esta emisión forma parte de tu huella. Lo mismo ocurre con el impacto del bidón o envase que utilices, especialmente si no puede reciclarse correctamente.

¿Qué entendemos por huella de carbono?


La huella de carbono es la suma de todos los gases de efecto invernadero (GEI) que una empresa emite de forma directa o indirecta. Se mide en toneladas de CO₂ equivalente y abarca desde el combustible de tus vehículos hasta el uso que un cliente hace del producto final.

Este indicador no solo es clave para cumplir con normativas ambientales. También se ha convertido en un criterio de compra, un argumento comercial y un requisito para colaborar con grandes distribuidores o cadenas internacionales.

Por qué conviene preguntar al iniciar un proyecto industrial


En muchas empresas, las decisiones sobre embalaje, transporte o proveedores se toman por costumbre o por precio, pero si queremos avanzar hacia una industria descarbonizada, hay que preguntar antes de decidir:

  • ¿Qué emisiones genera esta elección?
  • ¿Hay alternativas con menor impacto?
  • ¿Afecta al cumplimiento de estándares ambientales?

Plantearse estas cuestiones desde el principio permite anticiparse a exigencias legales, mejorar la reputación corporativa y, sobre todo, reducir emisiones sin sorpresas a mitad de camino.

Y… ¿Qué papel tienen los envases en todo esto?


Más de lo que muchas empresas creen.

El tipo de embalaje que eliges influye directamente en el alcance 3, especialmente si hablamos de productos sensibles como sustancias químicas, fármacos o ingredientes agroalimentarios que requieren envases seguros, homologados y cada vez más sostenibles.

Un bidón fabricado con materiales reciclables, de menor peso y larga vida útil puede:

  • Reducir las emisiones por transporte.
  • Disminuir la cantidad de residuos generados.
  • Sustituir envases plásticos no reutilizables.
  • Mejorar tu imagen de marca ante clientes responsables.

Por eso muchas compañías buscan rediseñar su envase desde una perspectiva de sostenibilidad, sin renunciar a la seguridad ni al cumplimiento normativo.

Cómo empezar a medir tu huella de carbono


No hace falta un departamento entero de sostenibilidad para empezar. Lo importante es dar el primer paso y recopilar los datos clave:

  1. Consumo de combustibles y electricidad.
  2. Proveedores y materiales utilizados.
  3. Kilómetros recorridos por las mercancías.
  4. Ciclo de vida del envase o producto.

A partir de ahí, puedes trabajar con consultores externos o herramientas especializadas para calcular tu huella real, establecer objetivos y empezar a reducir por fases.

Medir, reducir y comunicar: el círculo virtuoso


Una vez tienes identificadas tus emisiones, toca actuar. Muchas empresas están empezando por donde más visibilidad tiene: mejorar el transporte, cambiar embalajes o trabajar con proveedores más sostenibles.

Pero igual de importante es comunicar los avances. Mostrar con datos concretos que reduces tus emisiones refuerza la confianza del mercado, te posiciona mejor en licitaciones y te permite obtener sellos o certificaciones ambientales.

Medir sin actuar no sirve. Y actuar sin medir no se puede justificar.

La sostenibilidad empieza preguntando


Lo importante no es tener todas las respuestas desde el primer día. Lo importante es saber qué preguntar y a quién.

Si estás empezando a medir tus emisiones o ya tienes claro dónde actuar, cuéntanos tu caso. Podemos ayudarte a identificar el impacto de tu embalaje y proponerte mejoras reales adaptadas a tu sector.


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